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miércoles, 22 de marzo de 2017

Reino de los Cielos


  Evangelio según San Mateo 5,17-19.  Jesús dijo a sus discípulos:  «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.  Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.  El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Evangelio según San Mateo 5,17-19. 
Jesús dijo a sus discípulos:
«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»




Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


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martes, 21 de marzo de 2017

"No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 77


  Evangelio según San Mateo 18,21-35.  Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".  Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.  Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.  Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.  Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.  El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".  El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.  Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.  El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.  Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.  Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.  Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.  ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.  E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.  Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.     Leer el comentario del Evangelio por : Isaac el Sirio  “¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?” (Mt 18,33)


Evangelio según San Mateo 18,21-35. 
Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por : Isaac el Sirio
“¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?” (Mt 18,33)




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la abundancia de tu misericordia.



Libro de Daniel 3,25.34-43. 
Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:
No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, 
no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.
Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados.
Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.
Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables
como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.
Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro.
No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia.
Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor. 


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sábado, 18 de marzo de 2017

muéstranos tus maravillas.



Libro de Miqueas 7,14-15.18-20. 
Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! 
Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas. 
¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad. 
El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. 
Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos. 


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viernes, 17 de marzo de 2017

Bendito el Varón Que Confía en Jehová, y Cuya confianza es Jehová.


Bendito el Varón Que Confía en Jehová, y Cuya confianza es Jehová.
 Porque Sera Como el árbol plantado Junto A Las Aguas,Que junto a la corriente echará SUS RAÍCES, y sin Verá CUANDO viene el calor, sino Que su hoja estará verde; y en El año de sequía no se fatigara, ni dejará de dar fruto.


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"Ahí viene ese soñador"


El rey ordenó que lo soltaran,  el soberano de pueblos lo puso en libertad; lo nombró señor de su palacio  y administrador de todos sus bienes,

Libro de Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28. 
Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de la vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. 
Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo. 
Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. 
Entonces Israel dijo a José: "Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos".
José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán. 
Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. 
"Ahí viene ese soñador", se dijeron unos a otros. 
"¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!". 
Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: "No atentemos contra su vida". 
Y agregó: "No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él". En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo. 
Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica - la túnica de mangas largas que llevaba puesta - , 
lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. 
Luego se sentaron a comer. De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto. 
Entonces Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? 
En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne". Y sus hermanos estuvieron de acuerdo. 
Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto. 

Salmo 105(104),16-17.18-19.20-21. 
Él provocó una gran sequía en el país 
y agotó todas las provisiones.
Pero antes envió a un hombre, 
a José, que fue vendido como esclavo.

Le ataron los pies con grillos 
y el hierro oprimió su garganta,
hasta que se cumplió lo que él predijo, 
y la palabra del Señor lo acreditó.

El rey ordenó que lo soltaran, 
el soberano de pueblos lo puso en libertad;
lo nombró señor de su palacio 
y administrador de todos sus bienes,



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jueves, 16 de marzo de 2017

cada día hacía espléndidos banquetes.



Evangelio según San Lucas 16,19-31. 
Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes.
A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro,
que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.
El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.
En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él.
Entonces exclamó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan'.
'Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento.
Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí'.
El rico contestó: 'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre,
porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento'.
Abraham respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen'.
'No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán'.
Pero Abraham respondió: 'Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'".




Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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miércoles, 15 de marzo de 2017

sólo a los Doce


Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: 
"Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte 
y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará". 
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo. 
"¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda". 
"No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron. 
"Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". 
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. 
Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. 
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; 
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: 
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud". 


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